El hilo
Se miró al espejo y sintió hastío.
Descubrió que algo asomaba tímidamente por el orificio derecho de su nariz.
Se sintió ridículo, estúpido, lastimoso.
En aquel instante él no quería ser él. Quería ser otra cosa que no fuera él. Quería salir de su cuerpo y mirarse desde fuera.
Tiró de la punta de aquel hilillo y estiró. Un centímetro, dos, diez, veinte... Empezó a sentirse cada vez más ligero.
De pronto, el hilo se volvió de color rojo, cada vez más grueso. No le daba miedo, se sentía cada vez mejor.
Sintió ganas de vomitar.
Escupió el corazón por la boca.
Los pulmones.
Los sesos.
Sus entrañas.
Hasta que se quedó vacío.
Se miró de nuevo al espejo y pensó que era hermoso. Que no estaba tan mal. Que le gustaba más lo que llevaba oculto, que la contaminada superficie visible y decidió que no volvería a su estado original, y que así se quedaría. Vuelto del revés.
Descubrió que algo asomaba tímidamente por el orificio derecho de su nariz.
Se sintió ridículo, estúpido, lastimoso.
En aquel instante él no quería ser él. Quería ser otra cosa que no fuera él. Quería salir de su cuerpo y mirarse desde fuera.
Tiró de la punta de aquel hilillo y estiró. Un centímetro, dos, diez, veinte... Empezó a sentirse cada vez más ligero.
De pronto, el hilo se volvió de color rojo, cada vez más grueso. No le daba miedo, se sentía cada vez mejor.
Sintió ganas de vomitar.
Escupió el corazón por la boca.
Los pulmones.
Los sesos.
Sus entrañas.
Hasta que se quedó vacío.
Se miró de nuevo al espejo y pensó que era hermoso. Que no estaba tan mal. Que le gustaba más lo que llevaba oculto, que la contaminada superficie visible y decidió que no volvería a su estado original, y que así se quedaría. Vuelto del revés.
